ESPACIOS SINUOSOS III

Las veces que los sueños brindan a placer prohibido o disfrute por ambigüo, el recuerdo es la lista de la compra de poner la mesa en cuanto sea posible. Para ir a por algo hay que ir fuera, donde está la verdad. Cinco o seis personas con dedos fuera para señalar el cerco que ella guapea con la bebida un poco sorprendida.

De regreso la tierra siempre se acompaña por un chaval indio. Con él se adentra en los minutos. Se cogen de las manos a la espalda de la sobremesa de un lugar borroso de los Baños del Carmen. El muro es como un cigarro siempre húmedo encendido.

Atrás el tiempo destino al abrigo del rompeolas a otra época con personas brisa y olor de mar sin parar de hablar. Prestarse a la inundación con el joven indio y la belleza de Gea como alunación del entorno que atravesaba un tapiz de cuerpos.

Balneario dentro de un sueño de agua como lecho de roces, abrazos y un beso, uno, el beso. Hablábamos del macizo del Monte Rosa. Ella rechazaba la necesidad del macizo para sentarse y mirar cerca como una sábana mojada a punto de entornar vueltas dada la cuchara con una sonrisa pícara de hambre y sed.

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